Espero que al señor De Prada no le importe haya cambiado el nombre a la protagonista de su novela, si le importa me la pela, me cae como el culo, pero hay que reconocerle que escribir escribe bien:
Otros rostros se alejan y precipitan en la común argamasa del olvido pero no el de ella.
El tiempo ya ha recuperado su fluencia, pasan los meses insensiblemente, pasan los días como carrozas de banalidad.
Otros rostros se alejan y precipitan en la común argamasa del olvido pero no el de ella. Cuando concluyo la jornada me encierro en casa y pienso sedentariamente en ella, la recuerdo con vocación filatélica, nunca en abstracto, sino con una concreción que ni se agota ni se repite, hoy puedo recordar su melena deshilachada y mañana su risa descacharrada, y pasado las huellas efímeras que el placer dejó en su mirada, cuando ese placer también fue el mió.
Al principio temía que la erosión del tiempo falseara ese recuerdo o quizá lo hiciese más poroso, ahora puedo afirmar que mis temores eran infundados, sus imágenes se acumulan pero no se sobreponen, permanecen tenaces esperando su rescate.
Como los dones no se reciben sin contrapartida, tengo que pagar la persistencia de mis recuerdos con insomnios que resisten todos los narcóticos, pero merece la pena esa penitencia si a cambio puedo reincidir en mi pecado.
Solo dejo de recordarla cuando duermo, aunque en sueños sigo cultivándola, lo hago de modo mas imaginativo, sin un sometimiento estricto a lo que ocurrió, así puedo fantasear con un presente distinto y mas benigno, en el que mis recuerdos estuviesen suplantados por la carne de ella, su espalda al abrigo de mi vientre y de mi pecho, pero no conviene excederse en lo que no fue ni es, ni será, ojala ella me olvide para reencontrarse con la mujer de carne y hueso que lleva dentro, la mujer que a veces arde y a veces se consume de tristeza.
Otros rostros se alejan y precipitan en la común argamasa del olvido pero no el de ella, solo así puedo sobrevivir en esta letrina que es el presente, solo así puedo sobrellevar la rutina infamante de la vida.
Otros rostros se alejan y precipitan en la común argamasa del olvido pero no el de Helena, a veces mientras me lavo y me enfrento conmigo mismo ante el espejo del lavabo, me pregunto que seria de mi si me faltase ese consuelo y esa condena, como aun no estoy despejado del todo y las legañas y el aborgotamiento embrutecen mi expresión encuentro enseguida una respuesta: seria un animal que no se comprende a si mismo, atrapado entre un pasado monstresco y un futuro que no existe.
Así por lo menos, tengo un pasado y lo rememoro, y lo habito.
"La tempestad" Juan Manuel De Prada.
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