miércoles, 13 de noviembre de 2013

Escribir

Escribes por la mañana, por la tarde y alguna noche de insomnio. Escribes porque no te puedes creer que la vida sólo consista en eso: en pasar las mañanas, las tardes y las noches. Comida, desayuno y cena. Inviernos y veranos. Llenar el depósito del coche, usar crema exfoliante o insultar a Montoro. Escribes porque estás seguro de que hay algo mucho más profundo detrás de todo aquello. Detrás del edredón de tu cama, detrás de la tele del salón, detrás de tu propio páncreas. Pasión por lo inmaterial. Buscas palabras en el fondo de tu alma para no parecerte a todos esos gilipollas. Los másters en administración y dirección de empresas. Los economistas que no aciertan una. Los que se dedican a mover dinero para convertirlo en más dinero sin importarles cómo, ni a cambio de cuántos despidos o de cuántas reducciones del sueldo de otros. Los que aumentan beneficios a base de abrir la brecha salarial…. Hay que aprender a sentir desprecio por los cortes de pelo de cien euros, por los Rolex de oro y las corbatas de seda. Por eso te fijas en ellos: para hacer todo lo contrario. Por eso escribes. Para no ser nunca ni querer ser nunca como ellos. Para ganarte la vida honradamente mientras creces por dentro.

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