sábado, 8 de marzo de 2014

Fracaso evolutivo

No creo en eso que llaman disciplina militar, eso de “la letra con sangre entra”, sólo sirve de muro de contención para los traumas. A un niño hay que educarle en la pasión por las cosas, en el ansia innata por descubrir y llenar el coco de conocimientos prácticos y útiles. Hay que hacerle comprender que las matemáticas molan, que las ciencias molan, que la historia mola, en lugar de darle un sopapo cada vez que levanta la vista de un libro que memoriza como un papagayo, o castigarle sin postre si saca un 4,8 en Conocimiento del Medio. Unos padres que sólo se preocupan por las notas de sus hijos en vista a su futuro económico, un Sistema que equipara la palabra “triunfar” con ganar dinero, sólo puede crear monstruos, egoísmo. Y esos padres, y esos ideólogos de la nueva educación creerán que lo hace bien, pero habrán contribuido destruir un mundo ya de por sí jodido. Quiero entender que la esencia humana no es eso. Quiero creer que la vida significa evolución. La vida es aprender, descubrir, aportar. La vida es Shakespeare, Da Vinci, Volta, Freud, Pasteur. Fracaso evolutivo, sin embargo, es toda la lista Forbes, y algo me dice que estamos educando a nuestros hijos en esa precisa dirección: en el sueño de conseguir amasar grandes fortunas sin importar cómo. Deshumanizados. Desprovistos de alma. No me cambio por nadie, y mis hijos serán lo que ellos quieran. Tan solo procuraré que crezcan con los ojos y los poros bien abiertos. Sensibles, ante todo. Y felices. A pesar del mundo que nos tocó vivir.

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