domingo, 28 de julio de 2013

Yo me Encargo

Que revienten los coches coagulados, las charlas sobre el clima, los bostezos sin resaca, los ojos que no quieren ni pueden ni saben hablar. Sólo quiero que me dejen en paz. Poder besar con los ojos cerrados, poder cantar con los ojos abiertos. Sólo quiero querer quererte sin conocer tu nombre, creer que tu vida es mi vida invertida, que tu sol sea mi sal, que "sea" sea mar en inglés y tus ingles sean mías. Quisiera no dejar de bailar con las mariposas de tu estómago, vivir de tus legañas, matarte a besos para autopsiar tu alma. Que mi ser se convierta en tu estar, que el recibo de la luz que emitamos al rozarnos lo pague su puta madre. Ahora sólo me faltas tú. (Tú no. Tú tampoco. Tú. Sí, tú). Así que deja lo que estés haciendo, baja a la calle, detente al borde de la acera y cruza los dedos. Del resto, yo me encargo.

martes, 16 de julio de 2013

Tsunami

Tu recuerdo llegó salvaje y repentino como un tsunami. Como una huella aplastando mi garganta y yo: tragando arena. Flashes de su pelo, de su risa, y mis ojos a juego con sus pezones, y su aliento dormido en mi pecho, y su mano jugando al tetris con mi mano. Bailando desnudos en el mar, a lo lejos, divisamos ese horizonte que siempre negamos, el reflejo de una luna enferma de Parkinson. Si no existiera el pasado, morirían de sed los psiquiatras. No habría vicios, ni manchas, ni parches, ni ojeras, ni canas.

Nos robaron la isla

Nos robaron la isla, también, pero ya estoy preparado para el búnker, ya sabría qué llevarme: latas de conserva hasta el fin de los días, ninguna foto. Un reloj parado en las cuatro y veinte y seis, el cuadro de El Grito, cien mil folios y quinientos bolis Bic. Esos cedés que tú y yo sabemos, esas pelis que tú y yo sabemos, esos libros. Dos macetas con flores de plástico y, por supuesto, tú conmigo. Y seríamos felices en el búnker. Yo escribiendo para ti; tú soñando por los dos. Contándonos historias inventadas. Y a salvo, por fin, de las inclemencias del tiempo sin planes de pensiones ni llamadas a deshoras del 1004, sólo amor. Sin cielos ni celos, sólo amor. Arreglando el mundo sin salir del búnker, jugando al Comunismo tu boca y la mía. Y por la ventanita del búnker observaría cómo se matan los hombres cómo arrasan los campos y mientras tú, abrazándome desnuda, sintiendo los dos el calor del cuerpo a cuerpo. Y tapando la ventana sería de noche cuando tú quisieras. Y contaríamos el paso del tiempo en arrugas, como anillos de árbol. Y mis hijos y tus hijos seguirían escribiendo por mí, cantando por ti y a salvo. Ajenos al mundanal ruido. Mirando por la ventana mientras piensan: los presos son ellos.

lunes, 15 de julio de 2013

Cuando temo caer

Cuando temo caer, me fijo en los edificios. Si ellos no caen yo tampoco. Por mis santos cojones. Aunque tenga que apoyar mi espalda en ellos. Aunque tenga que insertarme un palo por el orto. Aunque tenga que sacarme el líquido sinovial de las rodillas. No caeré. Cuando temo llorar, lloro. Me gusta llorar en el fregadero, mientras lavo los platos. Y en las salas de embarque de los aeropuertos. Y en el pasillo de los productos lácteos del supermercado. Nunca en los bares. En los bares sólo lloran los amateurs. Las nenazas. Los abogados. Cuando temo caer, te miro el culo. Tengo especial predilección por ti. Añado un asterisco en clave a tu lista de la compra. Lleno de flores tus bostezos. Genero secretos. Las vidas cristalinas son lupas para el sol y provocan incendios. Hay que ser opaco, ser el otro, siempre el otro. El mar en la dieta sin sal de las sirenas. Cuando no quiero ser, me pongo un bigote postizo . Pongo otras voces que no son mi voz. Agacho la cabeza dignamente. Me invento canciones. Desafino pero no me escucho porque me quiero.

Dermis

Tras días de estudio en el laboratorio de mi cama he conseguido elaborar un listado de motivos que demuestran lo que pensaba aquel primer día. - Tu piel y mi piel son compatibles. Espero que compartas cada uno de los siguientes puntos, o los transformes en comas, o me comas y punto: 1.- El lóbulo de cualquiera de mis orejas encaja a la perfección, sin holgura, en tu ombligo. 2.- Mi cuello y tu cuello, al unirse, simulan el mecanismo de dos ruedas dentadas, atascadas, soldadas por una sustancia que el análisis de mi lengua identificó como "aleación de salitre y óxido curioso". 3.- Cada vez que te abrazo fuerte tus órganos internos se coordinan con los míos, lo cual demuestra la alineación perfecta de todos y cada uno de nuestros poros. Por culpa de esta extraña "Ley de los Poros Comunicantes", siempre que te abrazo me duele tu apéndice y a ti te suenan mis tripas. 4.- Tus uñas, al rozar mi espalda, se convierten en pétalos de rosas sin espinas que se clavan en mi espina dorsal. Y sangro cutículas. 5.- Tu labio inferior es idéntico a mi labio superior; y viceversa. Cada vez que nos besamos el tiempo retrocede. 6.- Ayer la Policía Científica me desmanteló la cama. Me esposaron y me llevaron a comisaría. Laboratorio clandestino, según dicen. Al tomarme las huellas salió en pantalla tu ficha policial. Tranquila, estás limpia.

Higgs

Empleé mucho tiempo de estudio para conocer el exacto mecanismo de tu piel. Noches de ensayos a pie de campo mientras dormías. Devoré libros. Subrayé fórmulas, memoricé axiomas y celebré cada descubrimiento con la obsesión de un científico loco. Gracias a los libros descubrí, por ejemplo, la composición celular de tu vientre, o por qué tus protones son los más suaves a este lado del Universo. O el poder gravitatorio de mis dedos planetarios en tu espalda, o esa misteriosa atracción de ciertas partes de mi cuerpo por tus agujeros negros. Sólo después de descubrirte entera comencé a disfrutar de tu piel con el asombro de un androide. Acariciarte era surcar la Vía Láctea. Detrás de cada beso, otra nueva galaxia más allá de Orión. Ahora, ya ves. Los científicos acaban de descubrir una nueva partícula, más pequeña aún que los neutrones de tu piel. Lo llaman bosón de Higgs, y además de su ínfimo tamaño, también determina el origen de la masa que hay en todo, tus nalgas incluidas. En fin, que eres más cosas aparte de electrones, neutrones y protones. Desde ayer tu piel es mucho más compleja y divisible. Si cabe. Desde ayer la partícula de Dios me hizo agnóstico de ti. Después de conocer la noticia, al observar tu cuerpo puedo evitar la ansiedad. Sudores fríos. Taquicardias. El nuevo abismo que esconde tu piel me supera

viernes, 12 de julio de 2013

Sur

Imagina que al fin consigues coronar la montaña del recuerdo, tu primer ocho mil, y que nada más plantar tu bandera y otear el horizonte, la montaña comienza a moverse y se derrumba a tus pies y caes tras ella hasta matarte sobre los escombros del campo base. Imagina que abates de un tiro en la nuca a esa sombra, que luego plantas un pie sobre tu presa en señal de victoria, te repeinas para la foto, y justo cuando salta el flash te das cuenta que esa sombra no era sólo una sombra, sino la mujer de tu vida escondida detrás de tus prejuicios. Ahora el presente me ahoga y me quema. Tú eres la sartén hirviendo, yo el pez vivo. No sé si debo, pero quiero (o no sé si quiero, pero debo) dar un paso, el que sea, en la dirección que sea y huir de tus cantos de sirena y nadar mar adentro, o viajar donde no entiendan mi idioma. Necesito escapar de tu instante, de mi yo sin ti, jugar a ser piedra que sueña con musgo y mandarlo todo a la mierda. Sé que necesito despensarme. Desaprenderme. Seguir en el sur para no perder el norte.

Y llevarte lejos

Y llevarte lejos, a aquel terraplén con vistas donde hace siglos aparcaba mi Fiesta y soñaba cosas chulas. Y tú en el asiento en silencio, dejándote llevar, soltándote el pelo, bajando la ventanilla y lanzando al asfalto tus tacones de suela roja, tus prejuicios. Y que al llegar al mismo borde del terraplén apague el motor y encienda la música (algo de los Smiths ), y saque un par de birras de la guantera, y brindemos mirándonos a los ojos (yo girado en mi asiento; tú recostada en el tuyo), y que en ese click de las latas encontremos el sonido y el sabor de lo que siempre entendimos que es la vida. Sólo música, cerveza y la ciudad a lo lejos: los edificios pequeños, esos miles de puntos de luz que iluminan a nadie en particular. Y quedarnos allí, perennes. Asombrados pero quietos. Sin hablar porque no hace falta decir nada. Silencios cómplices. Sentirnos bien sin preguntarnos por qué o cómo hemos llegado hasta aquí o qué haremos luego. Porque ahora no hay luego que valga. La plenitud es la ausencia de luegos.

Triste

Si he conseguido llevar el mismo estilo de vida que siempre había deseado, si vivo donde quiero vivir y como lo que quiero comer , si me despierto cuando quiero y me acuesto cuando se apaga el cielo, si adoro a mi familia y aprecio a mis amigos, si no tengo demasiados problemas económicos (pese a la crisis), si he leído ‘El amor en los tiempos del cólera’, si no soy ciego ni sordo, si cada noche comparto almohada conmigo mismo, si me gusta la lluvia y me gusta el sol, si no tengo vicios (ni volveré a tenerlos), si me lleno cada día con miles de trocitos de detalles. Entonces, ¿por qué estoy triste?

Te entiendo, Mariano.

Te entiendo, Mariano. La sensación de poder te eleva y crea una cámara de aire entre tus pies y las manos alzadas de un pueblo al que sólo miras cara a cara en campaña electoral. Supongo que nada se puede esperar de una estirpe que hace años olvidó qué significa un semáforo en rojo, o pedir mesa en el restaurante más lujoso de cualquier ciudad, o guardar cola en la ventanilla de marras. Y es más fácil, supongo, gobernar para los que viven en tu mundo, que para quienes se ahogan de puertas del bunker hacia fuera. Por eso no me extraña en absoluto y hasta entiendo que gobiernes sin tener en cuenta al pueblo. Somos otra especie de un planeta que no es tu planeta. Somos, incluso, maleables, influenciables por esa gran maquinaria propagandística que manejas. Prometes pan para todos desde un púlpito sobre fondo azul cielo impecable, bajo el logo de una gaviota que vuela libre, aunque en el fondo no tengas ni puta idea de cómo coño se fabrica el pan, cuáles son sus ingredientes o si sobrará dinero para tales menesteres después de repartir lo prometido a medios de comunicación, miles de cargos de confianza y esa hermana esquizofrénica que es la banca.

Protégeme de lo que quiero

Tacha esos peros de tu boca. Me comería el mundo, pero tengo colesterol. Te comería a besos, pero temo te salgan herpes. Quisiera cantar, pero los focos me ciegan. Viajaremos de la mano y en silencio. No hará falta hablar porque sabrás lo que quiero. Y si en algún momento me falta el aire, te apretare la mano. Si me entra el sueño, hundiré mi cabeza en tu regazo. Si te como la oreja será que quiero follar. Llámalo simbiosis, llámame enfermo, dependiente dependiendo de quién, sólo contigo. El entorno me hizo así, mi contorno te hizo débil. No te fíes de las personas. Todos son proyectos de vampiro menos tú (esos dientes son de gomaespuma). Si se muere el mundo, me sudará la polla. Seremos burbujas que se nutren dos a dos, mundos placenta. Enfermaremos a la vez como peces en aguas internacionales. Protégeme de lo que quiero, yo haré lo mismo

Miedo

No olvides esto. Nacemos sin miedo a nada. El miedo se aprende. Pero también aprendemos a desaprender esos miedos que aprendimos. O al menos a maquillarlos para que nadie los note. Así de absurdos somos: media vida aprendiendo miedos y la otra media dedicada en cuerpo y alma a combatirlos. Así he conseguido sobrevivir treinta y pico años, Miedo a que llegue el amor y, cuando el amor llega, un miedo aún más fuerte al desamor. Miedo al anterior gobierno y auténtico pánico a los que están ahora. Y no es cierto que el tiempo y la experiencia nos hagan más fuertes. Simplemente aprendemos a disimular mejor. Así de absurdos somos.

Tierra

La tierra no pregunta de dónde eres, ni a dónde vas. La tierra tampoco siente las huellas que dejas en su espalda a cada paso, ni tiene límites más allá de unos mares que nadie puso ahí. los mares no son de quien los nombra. La tierra que ahora pisas es azar. Puedes viajar a Tombuctú y echarás de menos a tu gente, no al suelo de adoquines o cemento que los mantiene en pie. No echarás de menos al resto de la gente que también pisa la tierra que dejaste, sino sólo a tu gente, aquella que sumó lo que ahora eres. Ellos también pisaron tu misma tierra. Ellos también son azar. Me aburren los debates nacionalistas. Me duelen las banderas por la sangre que chorrean sus costuras. Suena imbécil ondear banderas de España, o Cataluña, tejidas todas ellas en talleres de Hong Kong. Suena imbécil que el nacionalista español odie al nacionalista catalán y viceversa. Es de necios crear subgrupos de subgrupos de subgrupos. Odiarnos a distancia sin conocernos de nada. Suena imbécil sentirse orgulloso de un suelo que te sostiene sin tu permiso. Te regalo mi trozo de tierra. Nunca he sabido qué hacer con él.

Inmortal

No hay motivos para el optimismo. Nos roban en la puta cara, mira Chipre, y aquí Falete salta a una piscina sin pirañas y bate un nuevo récord (de audiencia). La anestesia existencial nos entumece el juicio, soñamos con interferencias. Sin embargo aún nos queda cierto espacio entre el agua y el techo, esa bocanada de aire previa a la asfixia, cada cual la suya. Cuando enciendo la pantalla y me dispongo a teclear de repente surgen palabras y veo cosas en la pantalla , y el tiempo se detiene y ninguna troika, ninguna Mérkel, podrán con eso. No podrán quitarme ese último aliento que contengo aun a riesgo de volverme azul. Lo suyo es inmoral y yo soy inmortal ahora. Les gano por una R. De Rabia, supongo.

Hijos Bastardos de Darwin

La mayor batalla nace de los cimientos de la personalidad. Luchar para asirnos de puntillas a la vida: buscar tendencias, obsesiones nuevas, inflar el tiempo con helio... Y todo, al fin, para acabar convertidos en una de esas bolsas de patatas fritas que parecen llenas, rebosantes, pero luego abres y descubres la estafa. Echa un vistazo a tu entorno y enumera cuánta gente conoces que basa su vida en anécdotas, en lo que tiene y lo que hizo ayer, o aquel verano; cuánta gente alrededor que jamás evoluciona y además presume de enseñarle el dedo a Darwin, gente de la que nada aprendes o peor, te incita a desaprender, Los veo cada día, intentas tirar de ellos pero su cuerda es de chicle y su discurso, un copia y pega de aquí y de allá, gente sin alma, sin hambre y sin huella, gente que amó por tradición y ahora confunde el amor con la inercia. Comerciales del día a día, sodomitas sin querer de los poemas. Cofrades del papel de regalo.

jueves, 11 de julio de 2013

Nunca entendí los tatuajes. Tampoco las vasectomías. Siempre fui demasiado cambiante, siempre he dudado de todo y cualquier gesto irreversible o de difícil marcha atrás me ahogaba en un mar de dudas: ¿Y si me hago un tatuaje y al día siguiente o al mes siguiente o al lustro siguiente ya no lo quiero? ¿Y si el Peter Pan que habita en mí se vuelve alérgico al polvo mágico de Campanilla, y en lugar de volar estornudo? ¿Y si acabo por darme cuenta que sentar la cabeza reduce el riesgo de lesión cervical? ¿Y si dejo de pensar que este mundo cruel y despiadado no merece descendencia y empiezo a crear un mundo nuevo que proteja a mis futuros hijos, y a los hijos de mis hijos? Has llegado de nuevo y empiezo a querer ser yo mismo cada día, querer quererte a años luz de esa suma de dudas que antes era.