lunes, 15 de julio de 2013

Higgs

Empleé mucho tiempo de estudio para conocer el exacto mecanismo de tu piel. Noches de ensayos a pie de campo mientras dormías. Devoré libros. Subrayé fórmulas, memoricé axiomas y celebré cada descubrimiento con la obsesión de un científico loco. Gracias a los libros descubrí, por ejemplo, la composición celular de tu vientre, o por qué tus protones son los más suaves a este lado del Universo. O el poder gravitatorio de mis dedos planetarios en tu espalda, o esa misteriosa atracción de ciertas partes de mi cuerpo por tus agujeros negros. Sólo después de descubrirte entera comencé a disfrutar de tu piel con el asombro de un androide. Acariciarte era surcar la Vía Láctea. Detrás de cada beso, otra nueva galaxia más allá de Orión. Ahora, ya ves. Los científicos acaban de descubrir una nueva partícula, más pequeña aún que los neutrones de tu piel. Lo llaman bosón de Higgs, y además de su ínfimo tamaño, también determina el origen de la masa que hay en todo, tus nalgas incluidas. En fin, que eres más cosas aparte de electrones, neutrones y protones. Desde ayer tu piel es mucho más compleja y divisible. Si cabe. Desde ayer la partícula de Dios me hizo agnóstico de ti. Después de conocer la noticia, al observar tu cuerpo puedo evitar la ansiedad. Sudores fríos. Taquicardias. El nuevo abismo que esconde tu piel me supera

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