viernes, 12 de julio de 2013
Hijos Bastardos de Darwin
La mayor batalla nace de los cimientos de la personalidad.
Luchar para asirnos de puntillas a la vida: buscar tendencias, obsesiones nuevas, inflar el tiempo con helio... Y todo, al fin, para acabar convertidos en una de esas bolsas de patatas fritas que parecen llenas, rebosantes, pero luego abres y descubres la estafa.
Echa un vistazo a tu entorno y enumera cuánta gente conoces que basa su vida en anécdotas, en lo que tiene y lo que hizo ayer, o aquel verano; cuánta gente alrededor que jamás evoluciona y además presume de enseñarle el dedo a Darwin, gente de la que nada aprendes o peor, te incita a desaprender,
Los veo cada día, intentas tirar de ellos pero su cuerda es de chicle y su discurso, un copia y pega de aquí y de allá, gente sin alma, sin hambre y sin huella, gente que amó por tradición y ahora confunde el amor con la inercia.
Comerciales del día a día, sodomitas sin querer de los poemas. Cofrades del papel de regalo.
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