viernes, 12 de julio de 2013

Sur

Imagina que al fin consigues coronar la montaña del recuerdo, tu primer ocho mil, y que nada más plantar tu bandera y otear el horizonte, la montaña comienza a moverse y se derrumba a tus pies y caes tras ella hasta matarte sobre los escombros del campo base. Imagina que abates de un tiro en la nuca a esa sombra, que luego plantas un pie sobre tu presa en señal de victoria, te repeinas para la foto, y justo cuando salta el flash te das cuenta que esa sombra no era sólo una sombra, sino la mujer de tu vida escondida detrás de tus prejuicios. Ahora el presente me ahoga y me quema. Tú eres la sartén hirviendo, yo el pez vivo. No sé si debo, pero quiero (o no sé si quiero, pero debo) dar un paso, el que sea, en la dirección que sea y huir de tus cantos de sirena y nadar mar adentro, o viajar donde no entiendan mi idioma. Necesito escapar de tu instante, de mi yo sin ti, jugar a ser piedra que sueña con musgo y mandarlo todo a la mierda. Sé que necesito despensarme. Desaprenderme. Seguir en el sur para no perder el norte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario