viernes, 12 de julio de 2013

Y llevarte lejos

Y llevarte lejos, a aquel terraplén con vistas donde hace siglos aparcaba mi Fiesta y soñaba cosas chulas. Y tú en el asiento en silencio, dejándote llevar, soltándote el pelo, bajando la ventanilla y lanzando al asfalto tus tacones de suela roja, tus prejuicios. Y que al llegar al mismo borde del terraplén apague el motor y encienda la música (algo de los Smiths ), y saque un par de birras de la guantera, y brindemos mirándonos a los ojos (yo girado en mi asiento; tú recostada en el tuyo), y que en ese click de las latas encontremos el sonido y el sabor de lo que siempre entendimos que es la vida. Sólo música, cerveza y la ciudad a lo lejos: los edificios pequeños, esos miles de puntos de luz que iluminan a nadie en particular. Y quedarnos allí, perennes. Asombrados pero quietos. Sin hablar porque no hace falta decir nada. Silencios cómplices. Sentirnos bien sin preguntarnos por qué o cómo hemos llegado hasta aquí o qué haremos luego. Porque ahora no hay luego que valga. La plenitud es la ausencia de luegos.

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