martes, 16 de julio de 2013

Nos robaron la isla

Nos robaron la isla, también, pero ya estoy preparado para el búnker, ya sabría qué llevarme: latas de conserva hasta el fin de los días, ninguna foto. Un reloj parado en las cuatro y veinte y seis, el cuadro de El Grito, cien mil folios y quinientos bolis Bic. Esos cedés que tú y yo sabemos, esas pelis que tú y yo sabemos, esos libros. Dos macetas con flores de plástico y, por supuesto, tú conmigo. Y seríamos felices en el búnker. Yo escribiendo para ti; tú soñando por los dos. Contándonos historias inventadas. Y a salvo, por fin, de las inclemencias del tiempo sin planes de pensiones ni llamadas a deshoras del 1004, sólo amor. Sin cielos ni celos, sólo amor. Arreglando el mundo sin salir del búnker, jugando al Comunismo tu boca y la mía. Y por la ventanita del búnker observaría cómo se matan los hombres cómo arrasan los campos y mientras tú, abrazándome desnuda, sintiendo los dos el calor del cuerpo a cuerpo. Y tapando la ventana sería de noche cuando tú quisieras. Y contaríamos el paso del tiempo en arrugas, como anillos de árbol. Y mis hijos y tus hijos seguirían escribiendo por mí, cantando por ti y a salvo. Ajenos al mundanal ruido. Mirando por la ventana mientras piensan: los presos son ellos.

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