lunes, 15 de julio de 2013
Cuando temo caer
Cuando temo caer, me fijo en los edificios. Si ellos no caen yo tampoco. Por mis santos cojones.
Aunque tenga que apoyar mi espalda en ellos. Aunque tenga que insertarme un palo por el orto. Aunque tenga que
sacarme el líquido sinovial de las rodillas. No caeré.
Cuando temo llorar, lloro. Me gusta llorar en el fregadero, mientras lavo
los platos. Y en las salas de embarque de los aeropuertos. Y en el pasillo de
los productos lácteos del supermercado. Nunca en los bares. En los bares sólo
lloran los amateurs. Las nenazas. Los abogados.
Cuando temo caer, te miro el culo. Tengo especial predilección por ti. Añado un asterisco en clave a tu lista de la
compra. Lleno de flores tus bostezos. Genero secretos. Las vidas cristalinas
son lupas para el sol y provocan incendios. Hay que ser opaco, ser el otro,
siempre el otro. El mar en la dieta sin sal de las sirenas.
Cuando no quiero ser, me pongo un bigote postizo . Pongo otras voces que no
son mi voz. Agacho la cabeza dignamente. Me invento canciones. Desafino pero no me
escucho porque me quiero.
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