viernes, 12 de julio de 2013
Te entiendo, Mariano.
Te entiendo, Mariano.
La sensación de poder te eleva y crea una cámara de aire entre tus pies y las manos alzadas de un pueblo al que sólo miras cara a cara en campaña electoral. Supongo que nada se puede esperar de una estirpe que hace años olvidó qué significa un semáforo en rojo, o pedir mesa en el restaurante más lujoso de cualquier ciudad, o guardar cola en la ventanilla de marras.
Y es más fácil, supongo, gobernar para los que viven en tu mundo, que para quienes se ahogan de puertas del bunker hacia fuera.
Por eso no me extraña en absoluto y hasta entiendo que gobiernes sin tener en cuenta al pueblo.
Somos otra especie de un planeta que no es tu planeta.
Somos, incluso, maleables, influenciables por esa gran maquinaria propagandística que manejas.
Prometes pan para todos desde un púlpito sobre fondo azul cielo impecable, bajo el logo de una gaviota que vuela libre, aunque en el fondo no tengas ni puta idea de cómo coño se fabrica el pan, cuáles son sus ingredientes o si sobrará dinero para tales menesteres después de repartir lo prometido a medios de comunicación, miles de cargos de confianza y esa hermana esquizofrénica que es la banca.
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